
Ayer comenzó la primavera oficialmente, al menos para mí. ¿Por qué? Porque empecé con la medicación para la alergia.
La primavera, lejos de todos los tópicos de "llega el calorcito" y "el campo florece", es la peor de todas las estaciones.
- La alergia llega con una fuerza arrasadora: un día te encuentras genial, y al siguiente quieres que los buitres te coman los ojos para dejar de sentir escozor en ellos.
- El tiempo se vuelve loco: por la mañana un calorazo de morirse y por la noche rasquilla de la de "esto no es ná" pero que al día siguiente te pasa factura fijo.
- Cambios de ropa engorrosos: para la de invierno ya no hay cabida, para la de verano es demasiado pronto. Consecuencia de esto es que tanto a los frioleros como a los calurosos se los mira con malos ojos porque nunca están vestidos de acuerdo a lo que conviene.
- Los exámenes a la vuelta de la esquina: pero claro, ¿quién puede estudiar cuando le lloran los ojos y está drogado a base de cetirizina y demás tontadas?
En resumen: estoy deseando que llegue el verano.



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